Alquimia en los vínculos, un amoroso ciclo Venus-Sol-Plutón




En unas horas se perfecciona el encuentro alquímico entre el Sol, Venus y Plutón en Capricornio y nos invita a realizar un trabajo mágico, ya que en esta oportunidad nos encontramos con una Venus encendida por la luz solar que se alinea a Plutón inspirándo a modificar y reorganizar nuestros deseos y nuestros vínculos con absoluta responsabilidad.
 Los tres planetas se posicionan en el grado 19 de Capricornio que desde el punto de vista de la astrología antahkarana moviliza nuestro punto 36, invitando a integrar la responsabilidad que implican nuestros vínculos desde el amor, siendo activamente responsable de cada actitud amorosa como construcción de un camino que ha de llevar a nuestra Conciencia hacia su mayor y bien y evolución.
  
No hay amor posible sin responsabilidad. No es factible amar sin darse voluntariamente en servicio al otro sin esperar nada a cambio.

 Este año con el ingreso de Saturno a Capricornio entenderemos con mayor profundidad este concepto de la responsabilidad, no como peso sino como capacidad de respuesta a aquello que se presenta desde fuera como propuesta o que se impone desde dentro como necesidad.

 El deseo ha de tener un cierto tono responsable y maduro para lograr resultados que sean benéficos al todo. Con esta conjunción a principio de un año gregoriano, se nos invita a despuntar nuestros deseos, darle una vuelta nuestras ideas de lo que deseamos observando si resuenan de verdad en nuestro corazón o si son caprichos o influencias sociales lo que nos empuja en una u otra dirección.

 Es un buen momento para evaluar que ajustes podemos realizar a nuestra visión de lo que es el amor, de lo que damos y recibimos, si en verdad tenemos que estar esperando recibir, cuando damos por demás por temor a no ser amados, si el modo en que amamos ayuda al otro a crecer o le impide desarrollarse, si nos amamos con responsabilidad a nosotros mismos, si es que vamos en la dirección que de verdad nos pide nuestra alma. Si en verdad buscamos la perfección sagrada en nuestra existencia o si preferimos seguir adormecidos poniendo responsabilidad en el afuera.


El pentagrama es una figura esotérica que indica el recorrido de Venus en su ciclo completo de 8 años en los que completará 10 conjunciones al Sol. El astrólogo Kepler veía en este encuentro un movimiento amoroso de boda o beso apasionado entre Venus y el Sol.

 La bella Venus dibuja una rosa mística de cinco puntas o pétalos que responde a la secuencia de Fibonacci y en esta interacción podemos ver la belleza  aplicada por el Gran Diseñador de este Universo que habitamos.
 Para Pitágoras este símbolo es sinónimo de salud, ya que la salud proviene del equilibrio absoluto entre el paso del tiempo, los órdenes del amor, la limpieza de lo estancado e inútil, la transformación que se sucede a través del tiempo.

 Sin ánimo de extenderme pero sabiendo que este tema es de transcendencia para aquellos que intentan bucear en la búsqueda de conocimiento esotérico se encuentra esta figura astrológica asociada a Kukulcán de la civilización maya, la Inanna de los sumerios, el Hombre de Vitruvio de Da Vinci y muchas otras culturas que han observado este misterioso y precioso recorrido que sugiero investigar.

 Este encuentro alquímico entre Venus el Sol y el pequeño y poderoso Plutón es una oportunidad para amigarse con ese aspecto tan abandonado que es la persistencia en la responsabilidad del corazón, en la noción de ser una parte íntegra del Amor Divino y Universal. Que todos tenemos dentro esta estrella iluminada.


 Está en nuestras manos






La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín de la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde, 
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.

Jorge Luis Borges